
La Biblia nos cuenta una historia sobre cómo los descendientes de Noé querían crear una torre para alcanzar las puertas del Cielo. Esa era una gran tarea: ¡imagina construir una torre hasta el Cielo! Al final, lo único que los detuvo fue el Creador que descendió y confundió sus palabras, creó múltiples idiomas para que no pudieran comunicarse entre ellos.
La idea a la que quiero llegar es que las personas estaban tan unidas en su intención y tan concentradas en su acción que casi lograron lo imposible. De hecho, cualquier unión de personas es poderosa, incluso si se unen por las razones equivocadas. Ya sea para bien o para mal, correcto o incorrecto, un grupo de personas con suficiente deseo puede lograr lo que sea.
En estos tiempos caóticos, pensemos en cómo podemos influir en el mundo si unimos nuestros hilos individuales de conciencia para cubrir a la Tierra con energía positiva. Imagina unos dos millones de personas uniéndose espiritualmente, y que cada una entienda que, aunque tengamos nuestras diferencias, el Alma es Una Sola.
Si podemos unirnos en nuestra espiritualidad y en nuestra meta de crear dignidad humana para todos, juntos podremos mover montañas.