En un 12% se incrementó el número de vehículos de carga que ingresó al puerto de Buenaventura desde el inicio del cierre de la vía Mediacanoa - Loboguerrero, que cumple hoy cinco días.
Para Wilder Quintero Parra, gerente logístico del corredor vial, esto es una muestra del balance positivo que ha tenido el plan de contingencia adoptado para evitar afectaciones durante los cerca de ocho meses que durarán los trabajos.
“Los puertos han reportado que se encuentran en un 50% de su capacidad, lo que muestra un panorama de normalidad. Diariamente se están registrando alrededor de 3.200 camiones que pasan por el peaje de Loboguerrero, cifra mayor a la presentada en la semana anterior al cierre”, afirmó el encargado por parte de la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI.
Asimismo, destacó la adaptación de los conductores de las tractomulas a las nuevas condiciones de circulación.
Por su parte, el Ministerio de Transporte, durante una visita al tramo intervenido entre los kilómetros 85 y 64, indicó que la restricción no ha generado trastornos en el transporte. “Buscamos generar el menor impacto, con horarios flexibles que beneficien a todos los usuarios de la vía”, manifestó el viceministro Enrique Nates Guerra.
[En imágenes: orden y poca fila, marcaron el primer día de cierre de la vía al mar]
Alrededor de 80 camioneros fueron los primeros damnificados al no lograr pasar a tiempo durante el primer día de cierre de la vía al mar que inició este miércoles. Policía de Carreteras dispuso de 100 hombres para vigilar la vía en Tableros y Loboguerrero y brindar información a los viajeros.
Oswaldo Páez | El País
Sin embargo, y a pesar del visto bueno por parte de las autoridades, camioneros, comerciantes, y comunidad asentada en el borde de la vía, manifestaron su inconformidad por los efectos negativos que conllevan los extensos cierres.
Orlando Peña hace un viaje semanal a Buenaventura en su tractomula cargada de carbón desde Boyacá. Un trancón en La Línea lo retrasó dos horas y quedó atrapado en el cierre. Asegura que esta restricción genera inseguridad, pérdidas y aumento en los tiempos de viaje.
“Por qué no hacen el cierre en un lugar donde haya al menos donde quedarse y uno no tenga que pararse en la vía exponiéndose. Uno al menos paga una pieza y se acuesta a dormir”, señaló.
Luis Orlando Ramírez, director ejecutivo nacional de la Asociación de Transportadores de Carga, ATC, asegura que los más perjudicados durante la restricción son los conductores a quienes no se les brindan las condiciones básicas para permanecer a un costado de la vía.
“No hay zonas de alimentación, no hay donde comprar agua, tampoco vigilancia ni servicios sanitarios”, añadió.
El comandante (e) de la Policía de Tránsito y Transporte del Valle, capitán Carlos Castro, señaló que el esquema de seguridad está garantizado con la presencia de 300 hombres entre Policía y Ejército. “Estamos prestando énfasis en las horas de la noche y en el momento de dar vía libre a los vehículos”, precisó.
Otra de las quejas manifestadas por los conductores son las congestiones que se presentan en el peaje de Loboguerrero en el momento que se da vía libre. “Tenemos la necesidad de que los camioneros usen el peaje prepagado para poder agilizar el tránsito de los vehículos”, explicó el gerente logístico.
La parálisis en este corredor también tiene preocupados a los comerciantes del sector (lavaderos de carros, restaurantes y hospedajes) quienes aseguran que ya sienten la disminución de clientes.
Según los comerciantes, el cierre afecta la dinámica comercial de la zona que depende del paso de vehículos.
Lina Marcela Madrid, trabajadora del Hospedaje ‘La Ramada’, afirma que mientras en un día normal alquilaban 25 habitaciones, ahora solo llegan a 7. “Antes en el día pasaban y se quedaban un rato para descansar, pero ahora como vienen con prisa para no quedarse en el cierre, pasan derecho”, comentó.
Un kilómetro antes del cierre del kilómetro 85, Liliana Bastidas tiene su restaurante de comidas y postres ‘Leche y Miel’. El primer día de cierre la cola de tractomulas llegaba hasta su negocio y tuvo una jornada productiva. Sin embargo, los días siguientes su ventas se redujeron. “Ya no viene nadie, mermaron mucho los clientes. Cambiamos el horario como ensayo y ahora trabajamos hasta más tarde”, relató la vendedora.
El panorama para los lavaderos de carros de la zona es el mismo.
Jaime Castañeda, dueño de uno de estos negocios y habitante de la vereda Zabaletas (Dagua), cuenta como tuvo que cerrar durante el día y pasar sus 16 trabajadores a la noche. “Los camiones igual no paran porque el afán”, enfatizó.