Pensemos en décadas

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La idea es seguir actuando desde el presente, de manera emergente y adaptativa, pero aceptar que todo cambio requiere un periodo de afianzamiento. Así como lo vivo toma su tiempo para desarrollarse y dar frutos, los proyectos necesitan a veces años para generar resultados.

Querido Gabriel,

En estos días vi un video en el que Jeff Bezos contaba que los directivos de Amazon “viven y trabajan en el futuro”. Su labor es tomar, diariamente, dos o tres decisiones que madurarán con el tiempo y generarán los resultados de la empresa en el largo plazo. “El trimestre pasado se empezó a hornear hace tres años”, explicó el empresario. El espíritu inmediatista y los cambios acelerados de nuestra época nos hacen olvidar que toda transformación individual, organizacional o social obedece a unos procesos, cada uno con su ritmo y sus etapas. “Las cosas trascendentes se construyen con el tiempo”, dice Juan Carlos Mora, presidente de Bancolombia. Se necesita visión de largo plazo, paciencia y persistencia.

¿Hablamos de por qué y cómo debemos modificar nuestra relación con el tiempo? En el caso de las empresas, conversemos de cómo superar los afanes por los resultados del trimestre. En el de los políticos, acerca de trascender la persecución frenética de los más rimbombantes titulares. Ojalá aprendamos a actuar en el presente con diligencia y a cosechar, a su tiempo, los frutos de nuestro trabajo. Impacientes para actuar con prontitud, pacientes al esperar los resultados.

Pensar en décadas no se trata, desde luego, de volver a los inútiles planes a diez o más años. La idea es seguir actuando desde el presente, de manera emergente y adaptativa, pero aceptar que todo cambio requiere un periodo de afianzamiento. Así como lo vivo toma su tiempo para desarrollarse y dar frutos, los proyectos necesitan a veces años para generar resultados. Uno no puede abrir un almacén y esperar utilidades desde el primer día, ni meterse al gimnasio y pretender un cambio en pocas semanas, ni crear una política pública y exigir que esté funcionando perfectamente en pocos años. “Confiar en el proceso”, dice la sabiduría popular.

Pensar en décadas cura muchas ansiedades, implica aprender de serenidad, trascender la coyuntura y elevar la mirada al horizonte. Las empresas que vean el mundo de esta manera construirán capacidades cuyo impacto superará el siguiente periodo fiscal, los políticos trabajarán pensando en las próximas generaciones y las personas aprenderemos a aplazar, para nuestro beneficio, la gratificación inmediata. Seremos como aquel hombre que sorprendió a la ciencia; empezó a ejercitarse a los 60 años y a los 93 tiene el cuerpo y el estado de salud de alguien de 40.

Pensar en décadas nos impulsa, de otro lado, a emprender las más ambiciosas iniciativas. “Construir catedrales”, dicen algunos, haciendo referencia al lento proceso colectivo de construir iglesias en la Europa medieval. Para tener instituciones que generen progreso social, construir infraestructuras para el desarrollo o lograr cambios personales profundos, es necesario trabajar como artesanos, superar la prisa y abandonar el cortoplacismo.

Provoquemos la tertulia proponiendo que, cuando uno comienza a pensar en décadas, deja de vivir de crisis en crisis. Problemas y obstáculos que parecen abismos, anticipos del Apocalipsis, se verán apenas como asuntos naturales en medio de un largo viaje. La perspectiva que ganamos al pensar en el largo plazo nos permitirá trascender malos ratos, gobiernos problemáticos, jefes insufribles, tristezas profundas del alma y muchas de las dolencias del cuerpo. Si aspiramos a ser líderes, primero de nuestra propia existencia, tendremos que vivir y trabajar, lo más que se pueda, en el futuro, para el futuro y con el futuro como compañero de camino.

 

Por David Escobar Arango

Director de Comfama

 

Fuente: 
El Colombiano

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