Altas tasas de interés, más controles de China y guerras pueden marcar tendencias en el año.
En la economía hay dos formas de mirar las previsiones sobre el futuro: una, la idea de los cisnes negros, que son acontecimientos altamente improbables para los expertos y que pueden tener lugar y ocasionar consecuencias devastadoras, y la otra, desde los riesgos que se tienen en diferentes aspectos y que van desde lo político y militar hasta el ambiente.
En el caso de los cisnes, no es que nunca hayan sucedido. A veces se presentan. Algunos observadores piensan que es el caso del brexit o la guerra de Ucrania y Rusia, o también la pandemia de covid-19. De otro lado están los escenarios de riesgo que podrían tener un impacto severo y que son pronósticos con un enfoque económico y geopolítico. Ahí es donde la Unidad de Inteligencia Económica (EIU) de la revista inglesa The Economist ubica diez previsiones que podrían volverse pesadillas.
Así mismo, para el otro año la división de investigación de la revista prevé un crecimiento global estable, en medio de las tensiones geopolíticas.
La EIU menciona entre los riesgos que la guerra entre Rusia y Ucrania podría volverse global y que el conflicto entre Israel y Hamás podría tener una escalada regional.
Además, en ese mismo ámbito militar ven como otro riesgo que China anexe a Taiwán a su territorio. Estos son los escenarios:
Los fantasmas
El primer fantasma tiene que ver con la respuesta de los bancos centrales a la alta inflación, el alza de las tasas de intereses. Como se ha establecido una tendencia desinflacionaria, el pronóstico supone que el endurecimiento de la política monetaria ya ha terminado.
“Sin embargo, hay un riesgo moderado de que la inflación se vuelva a acelerar en 2024, impulsada por la demanda global, lo que provocaría un repunte de los precios de las materias primas. Esto podría empujar a los bancos centrales a seguir ajustando sus políticas, lo que generaría una caída mucho más significativa del consumo y la demanda de inversión”, dice el informe.
En el caso de los mercados emergentes como Colombia, señala que las tasas de interés más altas también podrían causar depreciaciones monetarias extremas, lo que presiona la inflación y pesa sobre el crecimiento.
En los principales países desarrollados, especialmente en países altamente endeudados como los europeos, se ve el riesgo de que esa situación conduzca a una caída generalizada de los precios de sus bonos, lo que podría provocar una recesión global.
El segundo fantasma es la materialización de una nueva guerra comercial por los subsidios verdes.
La cantidad de componentes que la transición energética requiere para competirle a China ha provocado tensiones entre la Unión Europea y Estados Unidos, y eso posiblemente signifique que habrá un mayor precio en esas tecnologías verdes.
“Si las relaciones con China experimentan una recesión grave o se fortalecen los vínculos con Rusia, las otras economías podrían aumentar los aranceles existentes sobre los chinos y crecerían más los precios; además, hay en medio decisiones sobre investigaciones y cargos antidumping que llevarían a China a tomar represalias nuevamente, bloqueando las exportaciones claves para la transición verde, y eso limitaría el apoyo y retrasaría los plazos para lograr emisiones netas cero”, anticipan.
El tercer fantasma se relaciona con el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías y olas de calor que ya han afectado el rendimiento de los cultivos, y el regreso de El Niño podría complicar el intercambio de materias primas entre naciones.
“Además de tener cifras récord en temperaturas en 2024, el colapso de una exportación de cereales entre Rusia y Ucrania podría generar una tensión en la agricultura, la minería y la manufactura. Esto podría provocar escasez y pondría a prueba las cadenas de suministro globales, haciendo que aumenten de nuevo los precios”, dice el EIU.
En ese mismo sentido de incremento de precios de materias primas se ubica el cuarto fantasma, pues las interrupciones en las cadenas de suministro y el precio del dólar en algunos países seguirán alimentando el descontento social.
“Los salarios no han aumentado tan rápidamente como la inflación en la mayoría de los países, lo que dificulta las cosas para los hogares más pobres, pues no se pueden comprar productos básicos. Esto podría generar disturbios, huelgas y manifestaciones como las vistas en Europa, Estados Unidos, Corea del Sur y Argentina. En un largo período de tiempo esto llegaría a pesar en el crecimiento”, argumenta el estudio. Esto también tendría un efecto directo en la productividad.
¿Y Colombia?
De acuerdo con Luis Fernando Mejía, director del centro de investigación Fedesarrollo, hay tres riesgos que podrían generar afectaciones sobre la economía colombiana.
“El primero, una recesión global causada por altas tasas de interés, afectaría a Colombia a través del canal externo, es decir, un menor crecimiento de las exportaciones, impactando negativamente el crecimiento. Por otro lado, una eventual guerra comercial por los subsidios verdes podría tener impactos positivos y negativos. Finalmente, un aumento de los controles estatales en China que reduzca su crecimiento generaría un impacto para Colombia de menores exportaciones a China, y ese es uno de los grandes determinantes de la demanda económica mundial”, detalló.
Según Mejía, en el caso de la transición verde, por el lado negativo se podría encarecer el costo de algunos productos importados, que subirían su precio por los mayores aranceles. Pero, por el lado positivo, Colombia podría aprovechar las oportunidades de comercio que podrían abrirse ante estrategias de friend o near shoring.
Para Alejandro Useche, profesor de Economía de la Universidad del Rosario, todos esos “fantasmas” tienen un efecto en Colombia, pero hay unos que en mayor y menor medida. Por ejemplo, “el efecto que tendría el cambio de gobierno de Estados Unidos, pues es el principal socio comercial. El otro es el entorno de altas tasas de interés, pero en muchos países, entre ellos Colombia, aún no están en los niveles esperados y ese freno a la economía nos habla de un freno a préstamos y a consumo”, explicó.
El profesor señaló que el fantasma del cambio climático y en particular el del fenómeno de El Niño también deben llamar la atención de Colombia, al igual que el de los subsidios verdes para la transición energética.
“En Colombia no tenemos cómo apoyar ese cambio y podríamos entrar en desventaja porque nos tomará más tiempo cambiar a energías limpias y será más costoso para las empresas y gobiernos; el peor escenario sería que por este motivo se recrudezca la llamada guerra comercial con China y también se apliquen más controles del Gobierno sobre esta economía y afectaría el crecimiento y la inversión extranjera”, agregó.
Si bien Useche dice que todos estos fantasmas son importantes y hay que prestarles atención, destaca que las perspectivas económicas muestran que el 2024 puede ser un mejor año. Además, revela que “el ritmo de crecimiento volverá, aunque no tan amplio, pero sí será más que el del 2023”. Una tesis que respaldan, en mayor o menor medida, diferentes entes multilaterales.
LAURA LESMES DÍAZ