Va quedando cada vez más claro que las dos mitades del año 2022 tendrán unas dinámicas diferentes.
Este lunes, el Dane publicó los resultados del Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) correspondiente al pasado mes de mayo. En el quinto mes de este año la actividad productiva en Colombia registró un crecimiento anual de 16,5 por ciento, en comparación con el mismo período del 2021, cuando el país atravesaba el paro nacional. Lo anterior se da en medio de crecientes nubarrones globales y locales que vienen enrareciendo las perspectivas.
En mayo la economía colombiana fue jalonada mayoritariamente por el desempeño de las actividades terciarias: el comercio, los servicios públicos, la educación, la salud, las actividades financieras y las inmobiliarias. En términos de la reactivación económica, el ISE está 8,3 puntos por encima del nivel registrado en febrero de 2020, esto es, el mes inmediatamente anterior a la irrupción de la pandemia del coronavirus. No obstante, de acuerdo a la organización estadística, el rezago de la actividad económica con respecto al personal ocupado nacional se mantiene también alrededor de los ocho puntos.
El contraste entre una economía, cuya actividad sigue dinámica, y un entorno, deteriorado en el frente internacional y con crecientes incertidumbres domésticas, se sostiene. A pesar de la tasa de crecimiento anual del ISE en mayo, la tasa intermensual cayó en terreno negativo: -0,8 por ciento. La última vez de un dato negativo fue en enero pasado, con la llegada de la variante ómicron y del impacto del cuarto pico de contagios de covid-19.
Las cifras apuntan a lo que muchos analistas ya habían advertido en meses anteriores: una regulación y moderación del ritmo de crecimiento de la economía colombiana con miras al segundo semestre del año. De todas maneras, las perspectivas económicas del país para el cierre de 2022 se mantienen en un interesante rango de crecimiento del PIB anual entre poco más del 5 por ciento hasta poco más del 7 por ciento. Estas son proyecciones positivas, si se tienen en cuenta las dificultades en el entorno regional latinoamericano y para las economías emergentes.
La combinación de los nubarrones globales -los temores a la recesión global, fortaleza del dólar y los efectos de la guerra rusa en Ucrania- junto a los fenómenos locales -alta inflación, subida de tasas de interés del Banco de la República- estarían conduciendo a una gradual desaceleración del ritmo de recuperación económica en Colombia. A lo anterior habría que añadir las incertidumbres propias de la transición a un nuevo gobierno, esta vez de una tradición inédita de izquierda y con anuncios fiscales y de políticas energéticas y petroleras.
Conforme transcurre el año, y se conocen las mediciones oficiales del comportamiento económico, va quedando cada vez más claro que las dos mitades del año 2022 tendrán unas dinámicas diferentes. La inflación, junto a otros factores, terminarán por golpear el consumo privado, motor clave en la dinámica de recuperación económica colombiana. El aumento de las tasas de interés por el Emisor, que probablemente continuarán ante la disparada de los precios, empezará a transmitir algún grado de “enfriamiento” que afectará al crecimiento.
Actualmente, Colombia, a pesar del deterioro de las condiciones internacionales y la incertidumbre local, sostiene la senda de reactivación de su economía. Sin embargo, cada vez más los riesgos de desaceleración son crecientes y se están traslapando con el cambio de gobierno y su abanico de drásticas reformas.
Francisco Miranda Hamburger