El regreso (o no) a la oficina

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Las organizaciones se han enfrentado a la necesidad de responder a una pregunta con implicaciones bien importantes: ¿qué tipo de estrategia deben emplear para prepararse para el regreso (o no) de los colaboradores a la oficina?

Adaptarse al trabajo remoto durante el inicio de la pandemia no fue fácil. Un nuevo entorno de trabajo, muchas veces en lugares poco adecuados, problemas de conexión, personas trabajando cerca, niños en clases, haciendo el almuerzo durante las reuniones... Como tantas veces antes, nos adaptamos. Sin embargo, ha tenido un costo, a veces demasiado alto para la vida personal y familiar, como el incremento de casos de violencia doméstica, el aumento de la tasa de divorcios y el impacto psicológico e incluso físico. Pero sí, logramos adaptarnos...

Con la entrada en juego de este nuevo escenario —el regreso a la oficina— se requiere, una vez más, un período de adaptación. Desde la alternativa de 100 % en la oficina hasta el 100 % remoto, las organizaciones han estado probando e implementando diferentes modelos. Es importante tener en cuenta que las empresas tienen requisitos distintos debido al tipo de negocio y marco regulatorio en el que operan; el tipo de contrato que tienen los colaboradores también juega un papel importante; los deseos y necesidades de las organizaciones y de las personas que trabajan para ellas; y, por supuesto, todos tenemos nuestra propia opinión y preferencia. Y a esto hay que sumar las restricciones de bioseguridad para priorizar la salud de las personas.

Independientemente de los factores que influyen en el modelo que se implementará, creo que las palabras clave serán flexibilidad, confianza y productividad. Las organizaciones deberán encontrar un modelo flexible para cumplir con sus requisitos operativos y la necesidad de mantener y aumentar asu competitividad, al tiempo que encuentran un equilibrio entre la vida laboral y la personal que responda a las necesidades y deseos de sus colaboradores. Pero las personas también deberán ser flexibles y comprender que son parte de una fuerza laboral viva y adaptarse nuevamente a otra realidad. La productividad es, naturalmente, un componente esencial: dónde y cómo podemos ser más productivos —esto variará con el trabajo, las funciones, etc.—, medido por indicadores claros y objetivos de desempeño. Pero nada de esto funcionará si el sistema no se basa en la confianza mutua: la confianza en que todos están enfocados en el propósito superior de la organización y el beneficio de todos.

Suena simple ser flexible y permitir que las personas decidan trabajar donde sientan que serán más productivas, ya sea en la oficina, en la casa o en un Starbucks. Algunas organizaciones han tomado esa decisión y el tiempo les dirá si fue la correcta. Otros han adoptado un modelo híbrido, lo que permite a las personas elegir equilibrar el trabajo en casa y en la oficina. Y otros han decidido pasar de lleno a un entorno de trabajo 100 % remoto. Lo que sí está claro es que exigirá un esfuerzo colectivo el poder experimentar y encontrar una fórmula exitosa. Mientras tanto, respiremos, demos las gracias por lo que tenemos e inspirémonos a ser parte de la solución

AGOSTINHO J. ALMEIDA

Fuente: 
El Colombiano

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