Vientos en contra / Análisis de Ricardo Ávila

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Norbey Lombana es dueño del taller El Puente, en Guaduas, Cundinamarca. Érika Salgado está a cargo del restaurante Alitaz en Calarcá, Quindío, y Jorge Pérez es un pequeño fabricante de alimentos en Bogotá. Ninguno conoce al otro, pero los tres se quejan de lo mismo: el mal comportamiento de su respectivo negocio en lo que va corrido del año.

Testimonios similares son la norma hoy por hoy en un buen número de empresas de los más diversos sectores y tamaños. Según la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta que elabora la Andi junto con otros gremios, y cuyo informe con datos hasta abril se dará a conocer este martes, la evolución no es buena.

Los resultados en los primeros cuatro meses de 2023 “registran un comportamiento con menor ritmo de la actividad económica en términos de producción y ventas, un nivel de la utilización de la capacidad instalada inferior al promedio histórico, una mayor acumulación de inventarios, un menor volumen de pedidos y una moderada situación de la empresa”, sostiene el reporte. Y añade: “Todo ello configura un contexto con una reducción en la demanda”.

Por su parte, el Dane señaló el martes que el Indicador de Seguimiento de la Economía, el cual elabora todos los meses, registró un decrecimiento de 0,8 por ciento en abril. Es la primera vez desde hace un par de años —cuando comenzó a verse el rebote posterior a la parálisis de la pandemia— que el guarismo es negativo.

Aunque los segmentos afectados son múltiples, hay dos áreas clave que muestran la magnitud del frenazo. Al cierre del cuarto mes de 2023, el comercio mostró una contracción de 6,9 por ciento que superó los cálculos de los especialistas. De las 19 actividades a las que le sigue la pista el Dane, 11 mostraron números en rojo, con un bajón especialmente significativo en el ramo de vehículos de dos o más ruedas.

Al cierre del cuarto mes de 2023, el comercio mostró una contracción de 6,9 por ciento que superó los cálculos de los especialistas.

Es verdad que en ciertas categorías la descolgada es mundial. Por ejemplo, equipos de cómputo o televisores alcanzan bajones de dos dígitos en mercados de los cinco continentes, como resultado de la reapertura tras la emergencia sanitaria que hizo más atractivo salir a la calle y posibilitó el retorno a las oficinas. En cualquier caso, a nivel nacional ese retroceso es un tanto más notorio. Puesto de otra manera, aquí el parón resultó ser más duro.

Más significativo todavía fue el tropezón de las manufacturas, pues 80 por ciento de los subsectores examinados —31 de un total de 39— dieron marcha atrás en el mismo periodo, algo que va desde textiles hasta aceites, pasando por bienes de madera o productos químicos. La caída anual acumulada llegó a 6,4 por ciento, la más fuerte desde agosto de 2020.

Son pocas las compañías que se vanaglorian por estos días de cumplir presupuestos de ingresos y utilidades. Pero la pregunta de fondo es si el bache de ahora es temporal o apunta a prolongarse en el tiempo, algo respecto a lo cual hay opiniones encontradas y que está condicionado por una serie de incógnitas.

¿Dentro de lo previsto?

Planteada la duda, vale la pena señalar que quienes se dedican a vaticinar el comportamiento de la economía hablaban desde hace tiempo de una desaceleración. Tras un par de años de gran vigor, en los cuales el país fue el más dinámico de América Latina —al menos en el grupo de naciones de mayor tamaño relativo—, una pérdida de velocidad era de esperarse.

De hecho, las proyecciones, después de la expansión superior al 7 por ciento de 2022, hablaban de una cifra cercana al uno por ciento para 2023. Por ello, los analistas se sorprendieron positivamente cuando el dato relativo al avance del producto interno bruto en el primer trimestre mostró un incremento del 3 por ciento. No obstante, una mirada detallada muestra una pérdida de ritmo gradual que llegaría a su punto más extremo en el segundo cuarto. En parte, hay lo que se conoce un efecto base pues doce meses atrás tuvo lugar un auge notorio, pero en general el entorno actual es más hostil.

Además, el balance inicial del año encendió luces adicionales de alerta. Para ser precisos, lo que en las cuentas nacionales que lleva el Dane se conoce como formación bruta de capital fijo —que refleja el comportamiento de la inversión productiva— tuvo un muy mal desempeño al mostrar una reducción del uno por ciento.
Y en lo que atañe a maquinaria y equipo, la descolgada alcanzó 8 por ciento, algo que plantea dudas sobre el futuro. De ahí que el adjetivo ‘preocupante’ aparezca con frecuencia en las conversaciones, pues las incógnitas sobre lo que viene superan con creces a las certezas.

Tanto factores externos como internos explican ese calificativo. En el frente internacional, las mayores tasas de interés en respuesta a un rebote de la inflación comenzaron a golpear la marcha del consumo y el comercio global. Si bien el escenario de una recesión parece ser menos probable ahora, las presiones económicas se combinan con las geopolíticas, lo cual incluye la guerra en Ucrania o las tensiones entre Washington y Pekín.

Las mayores tasas de interés en respuesta a un rebote de la inflación comenzaron a golpear la marcha del consumo y el comercio global.

Por su parte, a nivel local también hay una política orientada a poner en cintura el alza de la canasta familiar. Como es conocido, el Banco de la República ha elevado su tasa de interés hasta el 13,25 por ciento anual, lo cual ha encarecido los diversos segmentos de crédito y hace menos atractivo endeudarse ya sea para comprar, irse de viaje o adquirir un apartamento.

A lo anterior se suma la incertidumbre derivada de los anuncios del Gobierno. La discusión de las reformas relativas a salud, pensiones o normas laborales —aparte de los pronunciamientos sobre minería e hidrocar-buros— hace que muchos empresarios abran un compás de espera antes de tomar decisiones de largo plazo.

Así mismo, la caída en el poder adquisitivo de las familias y las dudas sobre lo que viene influyen en los gastos de los hogares. Las encuestas muestran un aumento en el pesimismo ocasionado no solo por la realidad económica, sino por la percepción de corrupción o de inseguridad.

Tampoco se puede desconocer el efecto de la reforma tributaria de finales del año pasado que eleva los gravámenes de empresas y asalariados con ingresos superiores a los diez millones de pesos mensuales. Pagarle mayores contribuciones al fisco tiene un efecto contractivo inicial que eventualmente se compensaría dependiendo de a dónde vayan los giros gubernamentales.

Sea como sea, todo ello ha desembocado en una demanda más débil, que en semanas recientes se observa todavía más frágil. En opinión de José Ignacio López, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, “el ajuste está aquí”.

Para el especialista, el bajón es más notorio debido al menor apetito por bienes durables, “a lo cual se le sumó el desafortunado impasse de los subsidios del programa de Mi Casa Ya que golpeó las ventas de vivienda”. Las dificultades que atraviesa la actividad edificadora, cuyos encadenamientos con segmentos de la producción y el empleo son importantes, hacen aún más desafiante la realidad.

Las grandes superficies afirman que las categorías que mantienen sus ventas son las esenciales: alimentos, aseo personal o artículos de limpieza, con predilección por las marcas blancas. A nivel general lo que se transa son menos volúmenes, una factura promedio menor y una mayor frecuencia de visitas al establecimiento. Como lo resume Camilo Herrera, de la firma Raddar, “hoy por hoy pesa más el factor presupuesto que el factor precio”.

Lo que puede venir

Hecha esa constatación, persiste la expectativa de que en el semestre que viene haya un mejoramiento gradual. Según Mauricio Reina, investigador de Fedesarrollo, hay motivos para pensar en un ambiente más favorable. “Si baja la inflación, el dólar se mantiene cerca de sus niveles actuales y el Banco de la República comienza a reducir su tasa de interés, habría espacio para una política algo más expansiva”, subraya.

Resalta, en todo caso, que hay interrogantes sin resolver. Un clima de polarización y crispación política puede influir en el ánimo de los consumidores. Igualmente está por verse si el gasto público acaba siendo un factor de aceleración, pues por ahora hay un rezago notorio en los índices de ejecución presupuestal que a su vez se sienten en el comportamiento de la demanda agregada.

Tras un par de años de gran vigor, en los cuales el país fue el más dinámico de América Latina – al menos en el grupo de naciones de mayor tamaño relativo–, una pérdida de velocidad era de esperarse.

“Si en la segunda parte del año los hogares logran hacer una recomposición de su gasto y salen de algunas deudas, de pronto a finales del calendario actual habrá un impulso que modere la caída que hemos observado, pero eso dependerá de múltiples factores”, agrega López. Incluso la evolución del clima, tras declararse el fenómeno climático de El Niño, acabará interviniendo en la ecuación. Herrera observó algunas luces favorables en mayo, pero afirma que todavía es temprano para saltar a conclusiones.

A su vez, los comerciantes tienen la expectativa de que el descenso de la inflación mundial y la tasa de cambio desemboque en la baja de precios de algunos artículos. Para citar un caso, en la línea de televisores comienzan a aparecer promociones que pueden llevar a muchos a hacer una compra aplazada.

Sin embargo, junto a la esperanza de que el ambiente sea más propicio está el llamado a las autoridades para que hagan lo que les corresponde. Ello comienza por la efectividad de un gobierno más concentrado en los anuncios que en las ejecutorias o en antagonizar a sectores productivos en lugar de la búsqueda de consensos.
Y aquí cada cual hace sus cuentas. Mientras un empresario importante —que prefiere mantenerse en el anonimato— sostiene que muchos de sus pares han resucitado proyectos con el convencimiento de que en unos pocos años habrá un mandatario menos hostil hacia el ánimo de lucro y la actividad privada, otros siguen inquietos por señales como la de volver a presentar la reforma laboral en la legislatura que viene por considerarla una herramienta fundamental de la lucha clases.

Un empresario sostiene que muchos de sus pares han resucitado proyectos con el convencimiento de que en unos pocos años habrá un mandatario menos hostil hacia el ánimo de lucro. 

Lo anterior para no hablar de alertas de carácter más general. A medida que pasa el tiempo se prolongan las dudas respecto al clima de inversión, en medio de un ambiente complejo. La Encuesta de Opinión Industrial Conjunta muestra que el volumen de industrias que describe sus pedidos como altos o normales bajó en 14 puntos porcentuales en la medición de abril, al tiempo que aquellos que hablan de inventarios altos vieron un repunte de 21 puntos porcentuales, hasta más de una tercera parte de la muestra.

Frente a esa mezcla de mensajes de orden contradictorio, la práctica usual consistiría en esperar indicaciones de tranquilidad por parte de los altos funcionarios, junto a uno que otro estímulo puntual. Pero en la presente ocasión ese no parece ser el caso pues los pronunciamientos en más de una ocasión resultan antagónicos.

Como consecuencia, tanto consumidores como empresarios seguirán nadando entre dos aguas. En el mejor de los casos, la desaceleración será menos fuerte, pero de todas maneras habrá un frenazo que acabará pesando sobre las cifras de empleo y pobreza, con cifras de crecimiento mediocres. En el peor, la parte final de 2023 no traerá el alivio que tantos anhelan.

Ninguna de esas elucubraciones pasa por la mente de Norbey Lombana, quien simplemente desea que más tractomulas hagan uso de sus servicios. “La gente dice que tiene que cuidar su plata y aplaza las reparaciones” afirma, mientras mira con atención la fila de camiones que pasa enfrente de su negocio y constata que la gran mayoría sigue de largo.

RICARDO ÁVILA

Fuente: 
El Tiempo

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