Este domingo más de 38,9 millones de colombianos están convocados a las urnas en más de 12,9 mil puestos de votación y casi 120 mil mesas electorales para escoger los nuevos mandatarios departamentales y municipales.
Los votantes elegirán 32 gobernadores, 1.102 alcaldes, 12.072 concejales, 418 diputados a las asambleas y 6.885 ediles para los próximos cuatro años. Será una nueva cita con la democracia en un entorno complejo en económico y político, y también de seguridad territorial.
Estos comicios territoriales se llevan a cabo a poco más de un año de haber tomado posesión la administración del presidente, Gustavo Petro, primer gobierno de izquierda elegido popularmente en Colombia. En los 14 meses de corrido del mandato, la Casa de Nariño le ha apostado a un paquete de reformas y a una agenda de cambio que ha enfrentado dificultades tanto en su trámite parlamentario como en la generación de entusiasmo popular. Lo anterior ha conducido a una pérdida de favorabilidad y de aprobación del primer mandatario.
Tradicionalmente, las dinámicas de la política en las regiones difieren tanto de la política a nivel nacional que es difícil considerar las elecciones territoriales como una especie de ‘plebiscito’ de la gestión del Gobierno Nacional.
No obstante, el caso de la administración Petro es distinto, al menos en dos aspectos. El primero es la aspiración transformadora del actual Ejecutivo que ascendió al poder con una ambiciosa agenda reformista. Es inevitable tanto ignorar esa narrativa de cambio y su influencia en los territorios como pretender que la cita electoral del domingo no sirve de ratificación política de ese giro del electorado.
Un segundo aspecto compete a las acciones del propio presidente Petro, en especial en el caso de Bogotá. El mandatario convocó manifestaciones y movilizaciones populares en plena campaña electoral, que fueron interpretadas por muchos como un respaldo a la aspiración del ex senador del Pacto Histórico, Gustavo Bolívar, a la Alcaldía Mayor de la Capital del país. Las intervenciones presidenciales con respecto a la primera línea del metro capitalino también enviaron señales complicadas a la contienda electoral en el distrito capital.
Más allá de los resultados de las fuerzas políticas afines al Gobierno Nacional este domingo, la temporada electoral de 2023 estuvo caracterizada por un deterioro de las condiciones de seguridad en los territorios. Tanto la preocupación de los ciudadanos como el aumento en algunas actividades delictivas convirtió a la inseguridad en una de las angustias principales de esta campaña. Deterioro que lamentablemente se ha venido traduciendo en un crecimiento de los riesgos electorales y del aumento de las acciones violentas por parte de los grupos armados al margen de la ley en al menos el 61% de los municipios, según la Defensoría del Pueblo.
Otro elemento clave de estos meses de campaña es el económico. La desaceleración de la economía que experimenta el país se refleja en las preocupaciones de ciudadanos y de candidatos, así como en unas perspectivas no tan optimistas para lo que queda de 2023 y el próximo año. Los gobernadores y los alcaldes elegidos el próximo domingo tomarán posesión de sus cargos con la urgencia de dinamizar, en la medida de lo posible, las actividades productivas de sus regiones.
Las elecciones regionales del próximo domingo ofrecen una oportunidad a los electores colombianos para enviar con sus votos un sonoro mensaje alrededor de la agenda de cambio que vive Colombia, del deterioro de la seguridad y de la reactivación de la economía.
FRANCISCO MIRANDA HAMBURGER