Presidente, la infraestructura no es para los ricos

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Lo que no entiende el presidente Petro es que sin vías no hay desarrollo. El deplorable desempeño de la economía, que solo creció 0,6%, fue también producto de la caída de 12,3% en obras civiles.

No hay país en el mundo que no haya apalancado su desarrollo en su infraestructura. Basta ver los asiáticos que son ejemplo por sus autopistas, servicios públicos, puertos, aeropuertos y telecomunicaciones. Superaron atrasos históricos y hoy son ejemplo en el planeta Singapur, Corea del Sur y Japón. Y ni hablar de las vías de Estados Unidos y Europa.

Algunos países de América Latina que estaban rezagados también comprobaron que el desarrollo de su infraestructura era vital para mejorar la competitividad y la calidad de vida de su gente. México, Panamá, Brasil, Uruguay y hasta Ecuador, han hecho importantes esfuerzos y destinado millonarios recursos para ponerse al día en la materia.

Por eso no se entiende cómo luego de tres décadas de avances, desde que comenzó a operar el modelo de las Asociaciones Público Privadas (APP) que permitieron la construcción de 10.000 kilómetros de carreteras, hoy en Colombia exista el temor de que esas concesiones se paralicen por los mensajes contradictorios que envía el presidente Gustavo Petro.

No solo se armó un gran alboroto al no firmar el decreto de liquidación del presupuesto que dejó en vilo el pago de los compromisos financieros con las obras de infraestructura, no solo luego el Gobierno tuvo que hacer un decreto de « yerros » para corregir ese disparate, sino que ahora según un nuevo borrador de decreto, se le darían facultades al mandatario para modificar las vigencias futuras, es decir, los recursos que se comprometen en los presupuestos para culminar obras como el metro de Bogotá o el metro ligero de la 80 en Medellín.

El gobierno sale con la tesis medio peregrina de que no se les pueden girar recursos a obras sin avances, que por qué la plata está guardada en fiducias. En el caso de Antioquia lo que se necesita es plata para concluir las obras.

El gobierno se ha encargado de generar no solo incertidumbre sino de espantar la inversión. La Cámara Colombiana de la Infraestructura advierte que este decreto “genera incertidumbre grave en materia de seguridad jurídica y confianza inversionista, dada la subjetividad y falta de rigor técnico que pueden condicionar las decisiones del Ejecutivo”.

Lo que no parece querer entender el presidente Petro es que sin vías no hay desarrollo. El deplorable desempeño de la economía, que solo creció 0,6%, fue también producto de la caída de 12,3% en obras civiles – la construcción de carreteras y puentes se desplomó 17%-, a lo que se suma la baja ejecución del Invías y de los gobiernos locales. Según Corficolombiana tienen por ejecutar $27,8 billones.

Un estudio de Fedesarrollo señala que la inversión en obras civiles y en servicios de transporte terrestre tiene un efecto multiplicador sobre la economía, el empleo y el recaudo de impuestos. Cada peso invertido en obras civiles se traduce en un aumento de $2,25 en la producción nacional, $2,46 en salarios y $4,90 en impuestos, mientras que los retrasos en las inversiones en el sector podrían reducir el crecimiento del PIB en 0,5%.

Esto hace recordar la famosa frase “es la economía, estúpido”, pronunciada en 1992 en la campaña por la presidencia de Estados Unidos, en la que Bill Clinton le ganó a George Bush, que se consideraba imbatible hasta ese momento. Clinton triunfó al poner la economía y los temas más sensibles para la gente en primer lugar. Esta frase se podría aplicar hoy con una variante: “es la infraestructura...”.

Después de que Colombia fue destacada por el Banco Mundial como uno de los países que más había avanzado en este sector, gracias a las APP, hoy a esta locomotora le apagaron el motor. Uno de los departamentos más afectados es Antioquia que se ha visto castigada porque el presidente Petro considera que las vías aquí son para los ricos. “Se hacen entre la población de El Poblado, en Medellín y Rionegro donde quedan sus fincas”, en un claro desconocimiento de qué son las 4G, por ejemplo.

Lo cierto es que desde que comenzó este gobierno, Antioquia ha elevado su voz para que algunos de los grandes proyectos no queden como elefantes blancos, porque son obras que si bien pasan por el departamento le sirven a todo el país: conectan el centro y el occidente del país con el mar de Urabá. Tal es el caso del Túnel del Toyo, que requiere que el Invías cumpla con los compromisos por valor de $600.000 millones para asegurar la construcción de un tramo de la conexión vial y la instalación de los equipos electromecánicos para su operación. Ni qué decir de los $1,5 billones que requiere Pacífico 1 para ejecutar el intercambio en el sector de Primavera y darle solución a la falla en la Sinifaná.

Qué bueno que el presidente recordara que estas vías fortalecen las dinámicas económicas de las zonas rurales del país, pues traen desarrollo y conectividad a las regiones, además de grandes oportunidades para el turismo, que tanto quiere promover en su mandato. ¿Será mucho pedir que el gobierno entienda que Colombia sí necesita infraestructura y que no son obras para los ricos?.

Fuente: 
El Colombiano

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