Planear pensando en la comunidad

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El arte de planear es muchas veces ignorado por algunos servidores públicos, cualquier ciudadano que recorre la ciudad, percibe las falencias que existen en muchos puntos en cuanto al diseño de la malla vial, el manejo de las obras en las calles con la restricción de la circulación y en la forma de establecer los controles a la movilidad.

Esta situación también tiene que ver con el día sin carro porque el impacto denunciado por el director de Fenalco sobre la economía de la ciudad es evidente; tener en cuenta y prever las afectaciones que genera la medida sobre el comercio, los restaurantes, las personas que requieren de su carro para su sustento como vendedores, panaderías, entrega de mercancías de sus propios negocios, comerciantes de repuestos, talleres y estaciones de servicio, tiene que ver con la forma como la Alcaldía planea esa restricción, para que las medidas guarden equilibrio entre las pretensiones de los ambientalistas y quienes derivan el sustento de sus actividades.

Es necesario planear mejor las obras públicas, porque lo vemos en los cambios en la dirección de la calzada oriental de la autopista desde Itagüí hasta el Ancón, cuyo resultado ha sido negativo para quienes la transitan a diario por las trampas que se establecieron en los accesos entre calzadas y por la congestión generada en la bifurcación con la variante a Caldas; igualmente los estudios de movilidad previos a la construcción del Centro Comercial Santa Fe fueron deficientes porque generó problemas al tráfico de la zona por el mal diseño de los accesos, impactando la circulación de la doble calzada de Los Balsos.

Estos dos ejemplos se suman a la falta de planeación que se observa en las obras en el Parque del Río, al no haber realizado la instalación de los puentes previo al inicio del proyecto, para mitigar la congestión generada por las obras; también lo fue restringir mediante una medida de pico y placa la circulación provisional por la misma zona a los vehículos de carga, siendo esta una vía nacional, porque el gremio transportador demostró que la medida generó grandes pérdidas al sector.

Darle prioridad al transporte público, a la construcción de ciclorrutas y al uso masivo de la bicicleta es parte de la solución, pero no serán eficientes si no se miran los otros actores de la movilidad, por eso se hace necesaria una concertación con los gremios de la industria, del comercio, de la construcción, del transporte de carga y demás actores de la economía, para que entre todos se defina un plan de contingencia para la movilidad de la ciudad; también se requiere decretar zonas amarillas en todos los sitios de alta concentración comercial, industria liviana y aun residencial, con el fin de prohibir el parqueo en las vías públicas o crear zonas permitidas pero con cobro con el fin de mejorar los flujos; también se deben decretar estímulos a la construcción de parqueaderos en todas las zonas amarillas descritas, de acuerdo a un aforo de necesidades de celdas, para restringir el uso del vehículo solo a quienes los necesitan y a cambio se promovería el uso del transporte público.

Así mismo la oficina de planeación debe establecer como obligatorio el certificado de ubicación de los negocios para que todos los empresarios grandes o pequeños certifiquen la disponibilidad de parqueaderos y adicionalmente, controlar el mal uso de las calles como talleres de vehículos y ventas ambulantes, con el fin de recuperar los andenes, las vías y el espacio público y de paso se le brindaría una mayor seguridad a los peatones.

Si el alcalde Gaviria y el director del Área Metropolitana asumieran el costo político de exigir a sus funcionarios que planeen las obras con controles efectivos y tomen las medidas necesarias para ordenar la movilidad, Medellín recuperaría en gran parte la tranquilidad de la comunidad.

Fuente: 
El Colombiano

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019-2025

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