En 2021, el país alcanzó un pico histórico de fallecidos en las vías. 2022 empezó con cifras peores.
En Colombia hay una pandemia oculta: las muertes por siniestros viales. En la última década (2011-2021), hubo más de 70.000 víctimas fatales: esto es, como si en 10 años se hubieran caído 388 aviones (Airbus A320, uno de los modelos más vendidos del mundo) o como si se hubiera borrado de la faz de la tierra el equivalente al público de 1,7 estadios El Campín. Y cada vez es más grave: 2021 rompió el récord de fatalidades en los últimos cinco años. El año pasado, 7.270 personas murieron en las vías, según datos preliminares de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV).
7.270 víctimas fatales de siniestros viales no son solo el equivalente a que se estrellaran 40 aviones Airbus A320 con todos sus pasajeros, sino que son seres humanos con rostro e historias. Entre esas 7.270 personas están, por ejemplo, Julián Esteban Gómez, el niño de 13 años recordado por haber llorado cuando Egan Bernal ganó el Tour de Francia y que, en julio de 2021, murió al ser arrollado por el conductor de una tractomula.
Entre los 7.270 está Carolina Holguín, hermana de la excanciller María Ángela Holgín, quien practicaba ciclismo por las carreteras de Boyacá cuando fue arrollada por el conductor de un camión, y también está Jesús David Hernández, el enfermero que se detuvo a atender a los lesionados de un choque en Sibaté y fue violentamente embestido por el conductor de un carro a alta velocidad y en aparente estado de embriaguez.
Ahora, el panorama en 2022 parece ir mucho peor. De acuerdo la ANSV, en este primer trimestre ya han muerto 1.798 personas, un 11,8 por ciento más que en el mismo periodo de 2021, cuando habían muerto 1.607 personas. Y, aún falta por conocer el consolidado de abril, mes en que una de las víctimas de la siniestralidad vial fue el futbolista Freddy Rincón y en el que 107 personas no regresaron de sus vacaciones de Semana Santa, pues murieron en las carreteras de Colombia.
Expertos en seguridad vial como Darío Hidalgo han hecho cuentas para que el país dimensione la situación: durante 2022, Colombia ha tenido varios días en que han muerto menos de 10 personas por covid-19; pero los números de la ANSV en este primer trimestre equivalen a la muerte de 20 personas por día en medio de siniestros viales.
“El covid-19 es el tema que más ha ocupado la atención en salud pública; pero las cifras de fallecidos en siniestros parecen haberse convertido en parte del paisaje”, afirma Hidalgo.
Para Juan Pablo Bocarejo, profesor e investigador de la Universidad de los Andes, estas cifras son alarmantes: “estamos acabando con el futuro del país. La segunda causa de muerte en personas menores de 30 años es un siniestro vial. Si logramos hacer tantos sacrificios para proteger la vida de los efectos del covid-19, es difícil entender por qué no estamos pidiendo cambios en seguridad vial”.
Para la academia, las alarmas deberían estar prendidas. Después de todo, el mensaje global es uno solo: “Ninguna muerte en el tránsito es aceptable, todas son evitables”.
Un pico de siniestros
De acuerdo con Luis Lota, director de la ANSV, hay tres elementos que podrían explicar lo sucedido en 2021 y en el primer trimestre de 2022: exceso de velocidad, un tema urbano y conductores novatos en las calles.
“En 2021 hubo menos siniestros que en 2019, pero fueron más fatales. Parece que la gente salió con más énfasis en velocidad, que todos quieren llegar más rápido… como que el encierro los tuvo en un punto muy crítico”, explica Lota.
La velocidad no es un tema menor si se tiene en cuenta que, según literatura internacional, reducir en un 15 por ciento la velocidad promedio en una vía mejora las condiciones de seguridad vial: así, se pueden reducir en un 20 por ciento los siniestros con heridos y en un 45 por ciento los siniestros con fatalidades.
En segundo lugar, según Lota, la situación se está agravando en las ciudades. “En los últimos años, la distribución de mortalidad entre lo urbano y lo rural ha sido 55-45: 55 por ciento de las muertes en lo urbano, y 45, en lo rural. Este trimestre, vimos un 75 por ciento de participación de lo urbano. Y en los municipios hay un tema complejo: 7 de cada 10 no tiene control, no tienen un organismo de tránsito. Y eso es una responsabilidad de los alcaldes”
Y, en tercer lugar, Lota analiza que en los últimos meses se ha visto un aumento de vehículos que, a su vez, deriva en aumento de nuevos conductores. “Antes de empezar este año teníamos 2 de cada 5 siniestros con fallecidos que fueron generados por personas con tres o menos años de experiencia con su licencia de conducción. Es decir, son conductores novatos”
Por otra parte, Hidalgo encuentra varios factores que podrían estar incidiendo en este ‘pico de siniestros fatales’. “El aumento de 2021 con respecto a 2020 tiene que ver con reactivación. Lo grave, es que son cifras mayores que 2019. Una explicación puede ser el incremento de motocicletas que han entrado a rodar entre 2020 y 2021”, afirma.
Cifras de Andemos evidencian que, en 2021, crecieron las ventas de motos en un 40,7 por ciento con respecto a 2020. Y, precisamente, las muertes de usuarios de moto aumentaron un 37,32 por ciento entre 2020 y 2021 y un 15,38 por ciento en el primer trimestre de 2022 con respecto al de 2021.
“Por otra parte”, agrega Hidalgo, “tenemos la entrada de nueva infraestructura, de vías de alta velocidad que no necesariamente tienen buen diseño de seguridad vial, donde se han registrado siniestros graves: como en Túnel de la Línea”.
A esos elementos actuales, Hidalgo suma “rezagos históricos como las normas técnicas de seguridad en vehículos, los procesos de licenciamiento y la poca presencia de las autoridades en la mayoría de municipios”.
“También perdimos la oportunidad de utilizar las cámaras salvavidas de manera más efectiva con la decisión de la Corte de no hacer solidarios a los propietarios de los vehículos que tengan infracciones. Hoy el propietario puede impugnar la multa diciendo que no iba conduciendo, y hasta allí llega el procedimiento”, añade el experto.
En este punto, el director de ANSV, coincide en que ese es un tema pendiente. “Necesitamos complementar lo del fallo de la Corte en lo relacionado al parágrafo sobre la solidaridad; pero, también, trabajar con la Superintendencia en la supervisión para que los equipos de fotodetección tengan la señalización suficiente (...) el tema de fondo es que la gente sepa dónde está la fotodetección y baje la velocidad. En algunos municipios consideran que el tema es de garantizar un ingreso y quitan las señales; pero de nada nos sirve tener una persona con sanción, pero estrellado por exceso de velocidad”.
En medio de este preocupante horizonte, hay dos buenas noticias: por parte del Gobierno, se están tramitando proyectos para que en Colombia suban los estándares de seguridad de los vehículos y para que se mejore el modelo de expedición de licencias (ver 5 preguntas); y, por parte de la sociedad y el Congreso, se está sacando adelante un proyecto de ley integral para salvar vidas en las vías.
Qué se puede hacer?
Ahora, más allá de las soluciones estructurales, expertos y Estado coinciden en que hay acciones urgentes que podrían mitigar la curva ascendente de 2022.
Para Hidalgo, la gestión en velocidad es un tema de corto plazo que mejora las condiciones, al igual que actualizar las señalizaciones, hacer obras de tráfico calmado e intensificar el control.
Lota, por su lado, asegura que desde la ANSV se ha hecho pedagogía en regiones -haciendo énfasis en motociclistas y ciclistas- y se tiene un proyecto de adecuación de sistemas de control y de atención a víctimas de siniestros. “Pero la ANSV no puede responder sola por todos los temas de siniestralidad, alcaldías y gobernaciones tienen su papel”.
¿Por qué se dice siniestros y no accidentes?
Organismos internacionales han abogado por el uso de la palabra ‘siniestros viales’ en lugar del término ‘accidentes’. El argumento central es que accidente se refiere a un hecho del azar que no se puede evitar por ningún motivo, es decir, de cierta forma, quita responsabilidad; ‘siniestro’, en cambio, hace referencia a un evento predecible, prevenible y evitable. Y, precisamente, los siniestros viales se pueden prevenir y evitar desde múltiples acciones de seguridad vial: gestión de la velocidad, marcos jurídicos sólidos, mejor infraestructura, transporte multimodal seguro, vehículos seguros, financiación, entre otros.
ANA PUENTES
EL TIEMPO