Rebaja de tasas de interés ratifica la capacidad de llegar a acuerdos entre Gobierno y empresarios.
Desde la semana pasada los colombianos han presenciado una seguidilla de anuncios de reducción de tasas de interés por parte de importantes instituciones financieras del país. La cascada de rebajas, que cobijan compras de más de seis de los 16 millones de tarjetas de crédito vigentes, se inició por Bancolombia y luego se sumaron, entre otros, Davivienda, BBVA, Pichincha, Scotiabank Colpatria, Banco Agrario, Falabella, Nu, Banco de Bogotá y de Occidente.
La decisión de estos protagonistas de primera línea del sistema bancario no es menor: la baja es de más de 20 puntos efectiva anual –y en muchos casos hasta más de 25 y sin límites–. Además, constituye un alivio tangible a los bolsillos de millones de colombianos al cubrir gastos en alimentación, combustibles y servicios, en medio de un complicado entorno de inflación disparada, altas tasas de interés y señales cada vez más fuertes de desaceleración.
Asimismo, el diseño de estas medidas bancarias –con condiciones y sin aplicarse a la totalidad de plásticos y tipos de gasto– hace que, de acuerdo a los analistas, no se generen mayores impactos ni efectos negativos en la política de lucha contra la inflación del Emisor. Las reducciones de tasas reflejan indudablemente la conexión del sistema financiero colombiano con las preocupaciones económicas de los hogares. La postura oficial de Asobancaria, gremio que representa a las entidades financieras, incluye tanto estas soluciones sensibles al bolsillo como la suscripción de las “metas del Gobierno Nacional en términos del financiamiento de la economía popular”.
Esta decisión de más de una decena de bancos ratifica la reflexión social y de inclusión que los banqueros colombianos llevan ya varios años haciendo, así como los beneficios de un sector con competencia y liderazgo. También contribuye a mejorar los vasos comunicantes entre el sistema financiero y el Gobierno Nacional, que en no pocas ocasiones ha lanzado duras críticas a esta actividad. De hecho, el presidente Gustavo Petro reconoció este esfuerzo bancario al calificarlo como un “sacrificio de las ganancias financieras”.
No menos importante es que estas rebajas en las tarjetas de crédito confirman el potencial de las soluciones que parten del diálogo entre el Gobierno Nacional y los sectores empresariales. La reducción de las tasas de interés, junto con otras conversaciones en otros ámbitos, muestra un camino provechoso en el que la confrontación ideológica y la retórica divisiva son sustituidas por la búsqueda, técnica y respetuosa, de puntos de acuerdo que beneficien a todos.
La administración Petro debe encontrar en estos anuncios un reconocimiento por parte de los bancos de la necesidad de avanzar en medidas de corte social. Los empresarios, por su parte, demuestran su disposición a trabajar en conjunto con el Estado en pos de soluciones con visión de mercado. Salidas que cumplen el objetivo de beneficiar a millones de colombianos, en este caso, vía el costo de sus tarjetas de crédito. Todo diálogo impulsado por el Gobierno siempre será la mejor inversión para el país.