Es hora de reconciliarse con el río para ser más competitivos

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De acuerdo con el Ideam (2010), Colombia posee seis veces el rendimiento hídrico promedio mundial, es decir, 63 l/s-km², promedio similar al que presentan algunas áreas de Antioquia en sus cuencas altas.

Por otra parte, en el Anuario Estadístico de Antioquia (Porras, 2012) se identifica la oferta hídrica superficial y subterránea del departamento, representada por ríos, quebradas, humedales, acuíferos y zonas de recarga, que corresponde a un agregado de más un millón cien mil hectáreas del territorio antioqueño. Quizás haya sido el vocabulario empleado por una sociedad que ha querido ir de la mano del progreso industrial lo que ha provocado que todo objeto se vea como un “recurso” para ser usado, transformado y después de inservible, desechado.

Tal vez no sea entonces para nada afortunado mirar con el lente de “recurso” las cosas, las plantas, los animales o las personas. En la industrialización un “recurso” tiene un propósito definido y cuando ya no es necesario, deja de ser valioso y pierde su condición para ser un bien cuidado. Esto es algo que ha sucedido en Colombia con el agua en las ciudades y en el campo.

Si el agua nos llega potable a los hogares, estamos satisfechos, pero luego la descargamos contaminada. Ha sido utilizada como un “recurso”, ha cumplido su fin hasta aquí, en adelante no importa en lo que se trasforme. Y de allí ha sucedido que ya contaminada, se convierte en dañina para la salud, entonces se ha preferido canalizarla o peor aún encerrarla, encajonarla, convirtiéndola en una bomba de tiempo (como ha ocurrido con nuestra quebrada Santa Elena y otras tantas corrientes de montaña en el Valle de Aburrá).

Efecto del agua como recurso

Tales situaciones bastan para mostrar que de la mano de este enfoque se han contaminado casi la totalidad de las fuentes superficiales que pasan por nuestro territorio y que se ha distorsionado su condición natural de moverse libremente en contacto con el cielo.

Las políticas del agua en Antioquia y en Colombia han sido creadas desde ese lente de “recurso”, de cómo utilizarlo, de cómo tratarlo, de cómo aprovecharlo, sin tener en cuenta otros aspectos (ojalá pudiéramos hacer una lista extensa) que le darían a este elemento (agua) una mejor condición (multipropósito). Tendría que ser considerada el agua más que un “recurso” para nosotros, como un elemento en sí que no solo sirve a nuestras necesidades (de una lista corta) sino a las de otros seres de la ecología biodiversa y no solo incluso en un plano utilitario materialista sino también en uno espiritual.

De esta manera el cuidado del agua no estaría limitado a los páramos y nacimientos para garantizar su almacenamiento y aprovechamiento, sino en mantenerla libre de contaminación y de restricción en todo su recorrido.

Así lo han entendido los países desarrollados que desde hace décadas han diseñado políticas para la descontaminación de las aguas y para la renaturalización de los ríos (restauración). Tales políticas requieren la implementación de procesos de descontaminación y la conservación de espacios en las riberas de los cauces.

Políticas con este alcance garantizan que no solo se conserve la vida en las corrientes sino que además se recuperen espacios para la protección de las corrientes y para el goce del espíritu. Así el agua deja de ser vista solo como un “recurso” y recupera para todos los seres su condición de elemento vital en el sentido más amplio.

*Profesor de la Escuela de Ingeniería de Antioquia (EIA).

Fuente: 
El Colombiano

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