En terreno negativo

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Con la economía en desaceleración el Gobierno debería concentrarse más en mitigar el freno en sectores claves que en promover cambios que los afecten.

Siguen reportándose las cada vez más inocultables señales de la reducción en el ritmo de crecimiento de la economía colombiana. De acuerdo a las cifras del Dane, en abril pasado la actividad económica nacional cayó por primera vez tras más de dos años en tendencia de recuperación. El Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) para el cuarto mes de este 2023 se contrajo en 0,78% con respecto al mismo período del año pasado.

Días antes los reportes de la organización nacional estadística sobre la industria y el comercio para el mes de abril ya anticipan un desempeño en el terreno negativo. El sector de la industria manufacturera presentó una variación negativa de 6,4% mientras que el índice de producción industrial del Dane también cayó un 3%. En términos de comercio, las ventas minoristas decrecieron en abril pasado 6, 9% y el indicador del año corrido registra una reducción de 3,4%.

No sobra recordar que sobre los hombros de estos dos sectores que se jalonó todo el proceso de reactivación de la economía colombiana en los años 2021 y 2022. Este comportamiento tanto de las industrias como de los comercios lanza señales preocupantes para la segunda mitad del año no solo en el frente de la producción y las ventas sino también en cuanto a la generación de puestos de trabajo se refiere.

Estos datos oficiales reflejan un arranque poco halagüeño del segundo trimestre de este 2023, tras un crecimiento del 3% del PIB en el primer trimestre. Este es un panorama que no se sincroniza muy bien con la narrativa optimista- “Colombia va bien”- que el presidente de la República, Gustavo Petro y la primera línea de su administración han venido promoviendo en semanas recientes. Si bien las proyecciones del desempeño del PIB a finales del año han reportado ligeras mejoras porcentuales, esto no significa que el país haya dejado de transitar la ruta de la desaceleración.

Se entiende que los mensajes del gobierno Petro giren en torno a una perspectiva más positiva para la economía, tal como lo han hecho administraciones anteriores en momentos de freno. No obstante, el reto está precisamente en balancear la necesaria dosis de optimismo oficial con la inevitable y dolorosa realidad de unas actividades productivas que pierden tracción.

Lo anterior implica que las políticas públicas -tanto las económicas como las sectoriales en vivienda, industria e infraestructura- asuman más vigorosamente la urgencia de fortalecer las medidas pro-crecimiento y se orienten a amortiguar los efectos negativos de la desaceleración.

Tras el golpe duro del hundimiento de la reforma laboral y la decisión de excluir los proyectos de cambios a la salud y a las pensiones en las sesiones extras, la Casa de Nariño debería evaluar los efectos de impulsar transformaciones tan drásticas en un entorno económico como el que ya empiezan a reflejar los informes del Dane.

En poco tiempo, este comportamiento en el comercio, la industria y otras ramas como la construcción y el sector minero-energético comenzará a experimentarse con más dureza en las empresas de todos los tamaños y en los sectores.

La cuestión entonces es qué tipo de abordaje escogerá el Gobierno Nacional para enfrentar estas señales cada vez más fuertes de la desaceleración. ¿Le apostará a desplegar acciones para mitigar las consecuencias del freno en los sectores jalonadores y en el empleo? ¿O decidirá continuar promoviendo cambios drásticos que impacten negativamente a estos motores de la economía?

Fuente: 
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