Los combos de Carrasquilla pueden resultar en desnutrición crónica del anémico presupuesto nacional.
El ministro de Hacienda presentó “tres combos fiscales” a consideración del Congreso. Los combos (hamburguesa, papas fritas y gaseosa) han sido popularizados por los expendedores de comida chatarra. Ojalá el combo fiscal escogido resulte más nutritivo para las anémicas arcas estatales y menos conducente a aumentos de colesterol y triglicéridos para los contribuyentes. Pero, quién sabe qué decidirán los padres de la patria, cuyo sobrepeso se debe a hábitos alimentarios basados en las ‘mermeladas’.
El primer combo tiene cosas buenas. He explicado en esta columna por qué la ampliación propuesta de la base del IVA, junto con la compensación monetaria para los más vulnerables, le daría proteínas al debilitado tesoro público y evitaría afectar el consumo de las familias más pobres. Nos exigiría pagar IVA por nuestro consumo de bienes hoy exentos a quienes tenemos el privilegio de pertenecer a las clases medias y altas para contribuir a evitar una crisis fiscal. Parece apenas justo en este país tan desigual.
La disminución de la tasa a las empresas del 33 al 32 % y, sobre todo, el permitirles descontar el IVA pagado en las compras de bienes de capital darían más calorías a la inversión, lo cual redundaría en un crecimiento económico más saludable. También ayudaría, aunque menos, la deducción del 50 % del gravamen a las transacciones financieras. La contraparte de subir al 37 % la tasa marginal para las personas de mayores ingresos gravables, aunque bien intencionada, afectaría a los semirricos que devengan salarios altos, pero muy poco a los verdaderamente ricos que reciben ingresos de capital, a no ser que al mismo tiempo se establezca una tributación más efectiva a los dividendos y ganancias de capital.
Pero hay una parte de los combos 2 y 3 que puede resultar en desnutrición crónica para el tesoro nacional: el ofrecimiento de bajar la tasa general del IVA a 18 o 17 %. Equivale a hacer una transfusión de sangre de alguien que tiene anemia a quienes estamos algo más saludables. ¿Cómo propone el Gobierno compensar este regalo, que nadie está pidiendo? Según los estimativos del propio Ministerio de Hacienda, publicados por la revista ‘Dinero’, con el producto de una nueva ‘normalización’ (léase amnistía tributaria) de capitales ocultos, que han estado capando impuestos. Si la del 2016 (que aún está vigente) no tuvo mucho efecto, ¿por qué esta sí lo tendría?
Me parece que, con este cuento de los combos, el ministro Carrasquilla está apostando a la ruleta y regalando un recaudo seguro e importante, cuyo costo político ya asumió el gobierno Santos y ya digirió la economía, a cambio de una expectativa quizás un tanto utópica. Si la bolita no cae en el número negro al que el ministro apuesta, dentro de dos años tendríamos una crisis fiscal de grandes proporciones. Le echarán, entonces, la culpa al Congreso, que escogió el combo menos nutritivo, y posiblemente para entonces el ministro ya no esté en su cargo, de manera que será a otro a quien le tocará arreglar el entuerto.
Ya que al ministro le gustan los combos, como a muchos colombianos que juegan con su salud y crían potente barriga por alimentarse mal, ¿por qué no considera gravar la comida chatarra, como aconseja la Organización Mundial de la Salud? Nos daría un buen ejemplo de sacrificio personal.
Y, ya en esas, ¿por qué no mejora y aumenta el impuesto al carbono, como aconsejan los verdes del mundo entero? Daríamos al resto del planeta un buen ejemplo de responsabilidad frente al cambio climático.
Estas medidas, además de contribuir directamente a mejorar la salud de los colombianos y la protección ambiental, le darían unas cuantas vitaminas más a nuestro endeble tesoro nacional para financiar los déficits del sistema de salud, de los parques nacionales y de la protección de nuestras fuentes de agua.
GUILLERMO PERRY