Más de 12.000 kilómetros que llevarían de Shanghái a Berlín sería el corredor económico de mayor envergadura del mundo.
La Ruta de la Seda, los caminos que desde el siglo I a. C. conectaron a Asia con Oriente Próximo y Europa, y que hicieron posible que innovaciones como la seda, la pólvora y la porcelana llegaran a Occidente, está lejos de quedar en el olvido. Si bien el trazado que dinamizó el comercio mundial hasta el siglo XV, y que cautivó a los lectores de los Viajes de Marco Polo, fue perdiendo protagonismo, las ciudades antiguas de Samarcanda, Bakú, Taskent y Bujará se perfilan de nuevo como los engranajes de la economía en el ambicioso plan de China.
Se trata de la Nueva Ruta de la Seda, la resurrección del camino que pretende conectar Shanghái con Berlín, lo que para muchos es el primer disparo en una batalla entre Oriente y Occidente por el control de Eurasia. La idea es que a lo largo de más de 12.000 kilómetros se extienda una red de trenes de alta velocidad, carreteras y autopistas, y redes de fibra óptica y de suministro de energía eléctrica. A esta se suma una ruta marítima, que uniría China con el golfo Pérsico y el Mar Mediterráneo a través de Asia Central y el Océano Índico.
El proyecto, que conectaría tres continentes –Asia, África y Europa- no sería nada menos que el corredor económico más grande del mundo, cubriría una población de más de 4.400 millones de personas y economías equivalentes a US$21 billones. Fue anunciado en 2013 por el presidente chino, Xi Jinping, y para su financiación se fundó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que ha ofrecido un capital semilla por parte de China de US$47.000 millones.
China ha invitado a la comunidad internacional a unirse a la estructuración del banco y a fondear el proyecto, el cual, se espera, recibirá recursos también de organismos de cooperación como el Banco Mundial. Al llamado han atendido cerca de 58 naciones, entre las que se cuenta la mayoría de Europa del Este, países de la Ruta de la Seda y otros asiáticos. De la Otán están 12: Reino Unido, Francia, Países Bajos, Alemania, Italia, Luxemburgo, Dinamarca, Islandia, España, Portugal, Polonia y Noruega. Hay además tres aliados militares de Estados Unidos: Australia, Corea del Sur y Nueva Zelanda.
A pesar de que Estados Unidos dice ahora que apoya el proyecto, ha sido extensamente conocida su postura contraria. Dijo el Wall Street Journal en noviembre de 2014 que el país norteamericano había estado persuadiendo a los países del G7 a no adherir al banco que propone China. Ahora, el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, que deja por fuera a Rusia y China, podría ser síntoma de que en todo caso el beneplácito de Estados Unidos está en veremos.
Se puede pensar, sin embargo, que adherir al plan de la Ruta de la Seda sería beneficioso para Estados Unidos, pues sin duda se requerirá tecnología y experiencia estadounidense. Por demás, quedarse por fuera podría ir en detrimento de los objetivos de ese país.
En todo caso, el primer gran desarrollo en esta estrategia tomará como escenario Pakistán, país en que los chinos llevan años trabajando y donde se está construyendo un puerto de aguas profundas en Gwadar, en el mar Arábigo. De allí, además, saldrá un gasoducto que conecte con Irán y que de Pakistán llegue finalmente a China. La idea original era que se cubriera también a la India, pero esta desistió por presiones de Estados Unidos, su aliado. Vea la historia completa.