Cada uno desde su banquito

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¿Te acuerdas cuando el presidente Donald Trump decidió que los Estados Unidos no harían más parte del acuerdo de París, que pretende bajar las emisiones de los países para frenar el calentamiento global? Al principio, todo fue desilusión. Luego, para sorpresa de muchos, se produjo un movimiento de empresarios, alcaldes y universidades que no solo se pronunciaron en contra, sino que, además, anunciaron que, ante la urgencia de proteger el planeta, ellos cumplirían y superarían su parte de los compromisos de COP21. Fue como si el eje de la gobernabilidad global se hubiera desplazado y los políticos, de repente, perdieran relevancia, y se estremeciera el paradigma instaurado con la proliferación de los estados nacionales europeos hace ya varios siglos. ¿Será que las decisiones más importantes de una sociedad ya no las toman los políticos? ¿Estamos quizás en el siglo en el cual las demás fuerzas sociales pueden ser incluso más poderosas para generar cambios que el mismo Estado?

Esta semana conocí los Innova Schools del Perú. Unos educadores y empresarios se unieron para transformar la educación de su país desde lo que ahora conocemos como una “empresa B”, liderada por verdaderos capitalistas conscientes. Esta organización con ánimo de lucro ofrece educación de alta calidad dirigida a la clase media emergente del Perú. Alcanzan cerca de 50.000 estudiantes, con matrículas promedio de 140 dólares (el equivalente a $500 mil en Colombia), lo que los pone al alcance, aún no de todos, pero sí de muchos. Jorge Yzuski, CEO y fundador, nos contaba que su gobierno lo llamó para pedirle asesoría: “hacemos un mejor trabajo que ellos, con los mismos recursos y educamos en lo realmente relevante”. También se queja: “el Ministerio de Educación y sus normas frenan la innovación en momentos en los que el reto de educar se está transformando tan rápido”. ¿Te suena que pensemos para el Estado una especie de juramento hipocrático: “ante todo, no hagas daño”? ¿Será que el límite entre lo privado y lo público es ahora más difuso que nunca?

¿No crees que la innovación social va antes de la política pública? En el paradigma del siglo XX, un funcionario público de alto nivel diría que toda acción privada, social o económica, debería enmarcarse en una política pública. Ellos ven al Estado como jefe omnipotente y responsable de nuestra vida y no como animador, articulador y plataforma para el desarrollo generado por ciudadanos, comunidades y empresas. Hoy en día vemos organizaciones como Natura en Brasil, que cuida la Amazonía y ofrece productos limpios y saludables, hacen negocios y transforman la vida de las personas mientras los gobiernos a duras penas las alcanzan a comprender. Somos testigos de fundaciones que innovan, como el Comité de Cafeteros de Caldas y su alianza por la educación rural, que incide en los programas estatales, y mejor aún, los trasfiere a otros sectores y regiones. Hay casos increíbles de comunidades en toda Colombia que se hacen cargo de su futuro sin esperar a que un mesías político los salve. ¿Crees que debemos seguir esperando a que los políticos nos arreglen los problemas o asumimos un papel más activo, lideramos lo público, que es diferente a lo estatal, desde lo privado o lo social y generamos transformaciones “cada uno desde su banquito”, como dice Martín Von Hildebrand?.

Querido Gabriel

Fuente: 
El Colombiano

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